Ferlosiana (1, 2 y 3)
1. No hay nada que pueda impresionarme tan desfavorablemente como el que alguien trate de impresionarme favorablemente. Los simpáticos me caen siempre antipáticos; los antipáticos me resultan, ciertamente, incómodos en tanto dura la conversación, pero cuando ésta se acaba se han ganado mi aprecio y simpatÃa. Ese viajero que dice “Buenas nochesâ€, al entrar en el compartimento del vagón; que apenas alza los ojos, sin interés alguno, hacia la comparecencia de viajeros nuevos, que no vuelve a despegar los labios hasta llegar a su estación, para decir: “Que tengan ustedes buen viajeâ€, suscita en mà la convicción —probablemente tan arbitraria como injusta— de que en un choque o un descarrilamiento se comportarÃa del modo más heroico y socorredor, mientras que el dicharachero, que no ha parado en todo el viaje de hablar y de reÃr, de entablar relación con todo cristo, y no digamos si —¡horror!— hasta contando chistes por añadidura, me impone, en cambio, la más absoluta certidumbre de que no podrÃa dar, en tal trance, sino el más bochornoso espectáculo de histeria y cobardÃa.
2. La voz más pobre se hace siempre la más autoritaria: no consiguiendo ya ser entendida, tiene que resignarse a no ser más que obedecida.
3. Si la cabeza cortada, que, como una piedra más, rueda hacia el mar por la empinada ladera pedregosa, acelerándose en rebotes cada vez más largos, pudiese, antes de ahogar su voz en el fragor y en la espuma de las olas que han de estrellarla contra el acantilado, gritar el nombre de la amada, no cabe duda de que lo gritarÃa, sin hacerse cuestión de inutilidad de malgastar asà su aliento postrimero.

Nocturna dijo
casi te falto gritar el nombre en tan faltal
final....Un saludo mensajero....Noc_
4 Enero 2006 | 12:06 AM