Diario de un neurótico
El otoño empezó cargado de acontecimientos que quebrantaron mi ya castigada salud mental: una comida familiar (con tía sorda incluida), una llamada telefónica desde París (a cobro revertido) de mi ex-novia, chica que ha ampliado el significado de la palabra histeria; y otros no menos edificantes que prefiero callar...
Ya me creía curado de espantos, cuando un nuevo cataclismo (hasta ese momento tan lejano y exótico para mí como el huracán Katrina) se precipitó sobre mi vida: LA HIPOTECA.
Hace cosa de un mes, henchido de fervor independiente, decidí poner en práctica de una vez la única doctrina que ha logrado convencerme, tras años de fatigar las filosofías del mundo, :"Manten limpio tu cuerpo, despejada tu mente y alejado a tu casero". Sí. Decidí que ya era hora de abandonar mi vida de soltero alquilado y libidinoso y comprar mi propio piso.
El llanto aliviado de mi madre (que confiaba en haber metido en "verea" a su díscolo hijo mayor) y los parabienes de mis siempre irreflexivos amigos debieron alertarme de que estaba dirigiéndome inexorablemente a la catástrofe personal y económica; pero estas inquietantes advertencias quedarían eclipsadas por una mucho mayor: mi visita al banco...
(Continuará)

josemaria dijo
como nadie te quiere y puede desembocar en neurosis , y como aquí todos somos ex de algo/alguien , solicitamos , previa estancia en la puerta de El gran poder , que te cuide , de gorra , el psiquiatra / sicologo/orientador escolar del simpar WODI ALEN
24 Noviembre 2005 | 07:43 PM